31.05.2018

Las 5 Perspectivas de la Supervivencia

Nacer no es suficiente, hay que ser. Ser heredero de una empresa familiar supone un serio desafío, tanto como un privilegio. Enfrentar ese desafío es correr con las chances en contra: cerca del 70% de las empresas familiares no supera el primer relevo generacional y solamente quince de cada cien compañías familiares sobreviven el segundo.

Están las 85 que se desintegran o traspa­san, pero brillan esas 15 que subsisten. Esas dan cabida a los nietos de sus fun­dadores y pueden ser gigantes, como Ma­rriott, Hermés, Cargill, Heineken, Nords­trom, Ferragamo, BMW, el Washington Post, Codorniu y Samsung, por ejemplo. Son empresas familiares que sobrevi­ven y siguen siendo exitosas generación tras generación. ¿Cuál es su “fórmula secreta”? ¿Cómo hacen? Existen algunos rasgos en común, principios básicos compartidos, que pautaron la vida de las sobrevivientes durante el complejo y delicado proceso de simbiosis entre familia y empresa. Estos pueden resumirse en 5 perspectivas, conceptos que podemos tomar como fundamentos estructurares de cualquier negocio familiar que aspire a perdurar. Una empresa familiar y, por supuesto, la familia empresaria que es su matriz, pueden mantenerse en buena forma teniéndolas como norte.

LAS 5 PERSPECTIVAS

Son el tejido que constituye la red entre la vida familiar y las operaciones comercia­les en un conjunto armónico y fuerte.

Perspectiva #1: Respetar el Desafío. Menospreciar un desafío suele ser el principio de un fracaso. Por ello las em­presas familiares exitosas respetan el desafío de combinar familia y negocios. Sus miembros entienden que en general las chances de que el negocio pase a la siguiente generación no están a su favor. Como consecuencia de esto, se toman la tarea de organizar la sucesión seriamente y ponen un enorme esfuerzo en ello. Así, estas empresas familiares multigenera­cionales no solo tienen suerte, sino que extreman sus esfuerzos para que la con­tinuidad se materialice y les gane el éxito. Enfrentan el desafío con seriedad y aten­ción, dándole su debida importancia y tratando de aprender lo máximo posible del proceso involucrado en su desarrollo.

Perspectiva #2: Los problemas de los negocios familiares son comunes y pre­decibles. Las soluciones no. La sucesión, cómo equilibrar el financiamiento del crecimiento comercial y la liquidez fami­liar, el empleo de miembros de la familia, cómo atraer, retener, motivar y recom­pensar a administradores clave externos a la familia y, por cierto, la cuestión de la compensación de parientes y ajenos, son problemas comunes, compartidos por casi todas las empresas familiares.

La forma de enfrentarlos depende de la etapa en que el negocio se en­cuentre: si aún está a cargo del fun­dador, de sus hijos o de sus nietos. Todas estas personas verán los pro­blemas de forma diferente. Aceptar que es natural y válido no estar de acuerdo, permite una empatía y una real comunicación entre los in­volucrados que fortalece los lazos familiares. Esto, a su vez, repercute en la solidificación de la administra­ción del negocio y permite anticipar los futuros problemas que pueden surgir en el ámbito familiar.

Perspectiva #3: La comunicación es indispensable. Las empresas familiares participan de una doble naturaleza, ya que contienen a la familia y a la compa­ñía. Habitualmente, los familiares se co­munican entre sí a través del afecto. Sin embargo, al trabajar juntos en la empresa la comunicación debe hacerse a través de sistemas más racionales y menos emo­cionales para evitar inconvenientes. Ello puede lograrse creando foros, sistemas o estructuras que promuevan, faciliten y aseguren un continuo intercambio de información, ideas, opiniones, actitudes y sentimientos, mediante, por ejemplo, un Directorio independiente y reuniones familiares periódicas.

Perspectiva #4: Planificar es vital para subsistir sanamente. La sucesión tiende a ser el mayor reto para la empresa fami­liar. De su éxito depende el cambio gene­racional y, por lo tanto, su supervivencia. Superar este desafío se revela como un elemento crucial que debe afrontarse con planificación estratégica. En un ne­gocio familiar esta es más compleja que en cualquier otro negocio. La estrategia debe manejarse simultánea e interde­pendientemente en cuatro niveles: un plan comercial; un plan de sucesión en el liderazgo; un plan financiero per­sonal para los miembros de la familia; y un plan de continuidad familiar. Lo esencial es que la visión a futuro incluya en sus términos cuáles miembros de la familia estarán en el negocio y qué roles desempeñarán. Los efectos de los planes empresariales sobre la participación de la familia en la empresa deben considerar­se en forma amplia, explícita y pondera­da, cubriendo todos los flancos, como por ejemplo la forma de compensar a quienes puedan quedar al margen de la gestión cotidiana, garantizándoles segu­ridad económica.

Si no se tienen en cuenta todos los facto­res importantes, el plan es inadecuado. La familia empresaria debe estar abierta a la comunicación de asuntos difíciles, tratando temas que en otras familias se mantendrían en secreto. El proceso re­quiere de confianza, reserva, respeto por la vulnerabilidad de los seres humanos y la férrea voluntad de mantener sólida la fuente del orgullo y los ingresos, para no­sotros, nuestros hijos, nietos y bisnietos. Esto, muchas veces, supone esfuerzos y sacrificios y, sin asesoramiento profesio­nal, es extremadamente difícil generar una adecuada planificación multidi­mensional para evitar la desintegración o la venta desventajosa.

Perspectiva #5: Un fuerte compromi­so. La falta de compromiso para hacer lo necesario en el manejo de los riesgos y amenazas a la continuidad suele ser la causa del fracaso de empresas familiares. Ese compromiso es la raíz del éxito inter­generacional. Debe expresarse en los he­chos el propósito de una supervivencia redituable para la familia y la empresa. El persistente trabajo que se hace en las reuniones familiar-empresariales, pla­nificando para el presente y futuro, es la base de la continuidad de la familia en la empresa.

La tenencia colectiva de una empresa familiar puede presentar desventajas, como conflictos personales inesperados, desilusiones por no lograr éxitos personales, padecer por tener todos los huevos en una misma canasta… y demás lastres conocidos. Pero, sin embargo, una planificación adecuada unida a un fuerte compromiso de continuidad, abre un ancho camino de oportunidades para que los miembros de una familia empresaria trabajen juntos, para que su mutua confianza fortalezca a la familia y al negocio, creando riqueza y transmitiendo valores a sus descendientes. Esto genera respeto para la familia en su comunidad y le brinda a sus miembros una influencia mucho mayor a la que tendrían individualmente.